Inicio · Cuentos · El que mató al animal. . .

Cuentos, Leyendas y Mitos

 

El que mató al animal. . .



Tradición popular

 

A mediados del siglo XVI vivía en Puebla Pedro de Carvajal, hidalgo, viudo, sin caudal, de carácter intolerante y que tenía una hija, Teodora, de 15 años y un hijo de 6, su única esperanza.

 

La joven se  enamoró  de  un  vecino,  simple  soldado  conquistador,  motivo por el que don Pedro rehusó dar su consentimiento. Un día de fiesta apareció en la Plaza Pública, atraída por el hambre, una serpiente enorme, que ocupaba una cuadra entera y devoró dos o tres personas, huyendo los demás. Eso se repitió varias veces.

 

Los habitantes quedaron  consternados;  el  Ayuntamiento  y  el  virrey  ofrecieron premios a quien matara la bestia. Una tarde, estando don Pedro en unión  de  sus  hijos  en  el  jardín,  que separaba  de  la  calle  sólo  una barda de adobe, el monstruo asomó su cabeza sobre la cerca, cogió al niño y le devoró, retirándose en seguida.

 

El padre, inconsolable,  decidió  entregar  a  su  hija  a  un  convento  en  España  y  vender todos sus bienes, para añadir el resto de su fortuna a la suma ofrecida como premio por las autoridades. Ya  habíase  averiguado que la serpiente tenía su madriguera en el monte de La Malinche.

 

Un día se presentó en la plaza un jinete armado, y sin descubrir su rostro ni revelar su nombre, fijó en la pared de una de las esquinas un cartel que decía: “Con el amparo de la Virgen, mataré la serpiente.” Salió  de  la  ciudad,  al  mismo  momento  que  la  culebra  apareció  por el  lado  opuesto.

 

Diósele  aviso,  volvió  y  encontró  al  reptil  en  la  plaza. Después de una lucha ruda y larga, logró cortarle la cabeza, que arrojó en el centro de la plaza, saliendo de la ciudad. Algunos días después el Caballero se presentó ante don Pedro como vengador de su hijo.

 

La joven le reconoció por su fiel amante, quien acababa  de  regresar  de  México,  habiendo  conseguido  del  virrey  por su hazaña la ejecutoria, el título de nobleza. Aunque mal de su grado,  el  viejo  tuvo  que  consentir  en  el  enlace  de  los  dos  amantes.