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Las tres verdades
Un buen día, o malo, según se mire, una oveja que caminaba en busca del resto del rebaño, cuando se disponía a cruzar un puente, se encontró un lobo al otro lado.
“Estoy perdida”, pensó.
El lobo, después de lanzarle una enigmática mirada, habló y dijo: “Estoy de buen humor, pero no tanto como para dejarte escapar. Te daré una oportunidad. Sólo te dejaré marchar si eres capaz de decirme tres verdades”.
La oveja respiró aliviada y, después de controlar el temblequeo de sus patas, se concentró al máximo en la respuesta que podía salvarle la vida.
Después de un rato, dijo: “Si yo le explicara al resto del rebaño esta extraña situación no me creería. Me tomarían por loca o embustera”.
-Cierto –respondió el lobo. Y sin dejar de mirar a su presa, continuó: Aún faltan dos.
Un escalofrío recorrió la espina dorsal de la pobre oveja que estaba totalmente paralizada. Al poco, continuó: “Si tú le explicaras a tus compañeros que estás hablando con una oveja tampoco te creerían. Te tomarían por loco, por embustero o por algo peor”.
-De nuevo has dicho verdad –dijo el lobo. Y pasando, despacio, la lengua por el morro, añadió: Todavía falta una.
La oveja, mientras sentía subir oleadas de calor y frío por todo el cuerpo, centró su atención en buscar la última respuesta. No sin dificultad y un tanto nerviosa, por fin habló: “El que tú y yo estemos hablando tranquilamente, quiere decir que hoy no tienes demasiado hambre”.
-Correcto –contestó el lobo con una media sonrisa, y la dejó marchar.


