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Cuentos, Leyendas y Mitos
Camotes de Santa Clara
En el siglo XVII, en el convento de Santa Clara, las monjas que se dedicaban a la cocina, estaban bien atareadas pues esperaban la visita del señor obispo y se esmeraban en sus menesteres para halagar a tan alto personaje.
La monja a la que le encargaron el postre, era muy dada a la plática y habiendo dejado en el fuego el dulce que había preparado a base de crema, se fue a platicar y cuando regresó se había quemado; la hora de que llegara el señor obispo se acercaba no habiendo tiempo para más preparativos, se le ocurrió hervir unos camotes que había en la cocina, los limpió de la cáscara como se hace con las papas y machacó haciendo con ellos un puré al que le agregó jugo de piña y revolvió perfectamente hasta conseguir una masa y le añadió bastante azúcar, luego lo separó en fracciones y les dio forma para poderse cortar con cierta facilidad.
Cuando llegó la hora de que el señor obispo tomara su postre, se le sirvieron varios de esos trozos de dulce. A la madre superiora natural- mente le extrañó esto, pero no pudo hacer menos que esperar a ver el resultado cuando el obispo lo probara y a éste le agradó tanto que pidió más y preguntó de qué estaba hecho; llamaron a la monjita platicona y le preguntaron el nombre de tan exquisito postre y ella, no sabiendo qué decir, respondió lo que era la verdad: camote poblano.
Como el nombrecito no era muy agradable que digamos, y por haberse preparado en el convento de Santa Clara, lo bautizaron con el nombre de Camotes de Santa Clara.


