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Cuentos, Leyendas y Mitos

 

El rosario de Amozoc



Vivía  Puebla  el  periodo  colonial;  en  Amozoc  existía  un  gremio  numeroso, el de los forjadores (forja de hierro y arte de damasquinado) que tomó por su cuenta la celebración de las fiestas de la Virgen  del  Rosario;  pero  dividido  por  cuestiones  del  oficio  se formaron dos bandos, que se disputaban la supremacía de la festividad religiosa; lo peligroso era que uno de los grupos estaba capitaneado por la Culata (sin duda así apodada por la amplitud de sus caderas), en enredos amorosos con un bravucón maleante que las autoridades      vigilaban     muy   de                    cerca.

 

Como en los pueblos todo se le cuenta al señor cura, el sacerdote, enterado del conflicto, determinó inteligentemente: un grupo tomará las festividades de los años nones, otro las de los años pares;  así  podría  haber  toda  la  competencia  apetecida  sin  peligro  de temidos  choques.  Todo  marchaba  bien,  mas  surgen  las  luchas  políticas en el país, Puebla altera su vida pacífica y toda clase de actividades se interrumpen. Vuelta a la tranquilidad y siendo año par, tocaba al grupo correspondiente la festividad; el bando rival alegó su derecho de ser él al que correspondía reanudar. Las autoridades eclesiásticas y civiles ordenaron tomar el turno en atención a lo establecido; lo peor del caso fue que la Culata y los suyos habían que- dado  fuera,  ese  año,  no  habría  la  conveniencia  de  los  pesillos  sobrantes.

 

El bando favorecido se esmeró para que la festividad revistiera toda su brillantez, solicitó la cooperación económica de los vecinos de Puebla, asistieron los faroleros de la catedral, importantes personalidades y una buena orquesta; no obstante los gastos, las ganancias  serían  jugosas.

 

La  parroquia  pletórica  de  fieles,  el  altar  resplandeciente,  cortinajes, derroche de adorno; los faroleros en fila doble frente al altar; el  sacerdote,  luciendo  ricos  ornamentos,  inició  el  rosario  con  toda la parsimonia y solemnidad del caso. Todo iba bien, pues aunque los del bando contrario no las llevaban todas consigo por aquello de que “para todo mal mezcal y para todo bien también”, sin embargo  guardaban  compostura  en  atención  al  sitio;  no  así  el  rijoso amigo  de  la  Culata  que  mascullaba  improperios  cerca  de  altar.

 

Había  llegado  el  momento  de  organizarse  para  la  procesión, todo el mundo se acomodó en perfecto orden de acuerdo con la cofradía que representaba; prendieron las velas, el órgano y los cantores dieron las primeras notas y la letanía comenzó a entonar- se  respondiendo  la  nutrida  masa  con  el  solemne  ora  pro  nobis. Afuera los sonoros repiques, la cohetería atronando el espacio, la algarabía   del     pueblo.

 

Nunca  ha  sido  cosa  buena  el  alcohol,  salvo  cuando  se  utiliza como remedio, y tenía que hacer sus efectos, los cuales no se deja- ron esperar: el trastornado pro-Culata, que no sabía ni pizca de latín,  cuchillo  en mano cual si estuviera poseído de Lucifer, arremete contra el jefe de los faroleros que llevaba la voz cantante, al grito de “eso si que no, hijos de. . .”,   es que en la letanía se había Ilegado a la invocación mater inmaculata que el valentón había traducido por     “maten        a        la       Culata”.

 

Por demás decir el rebumbio que se armó: afuera tocaban alarma las campanas y adentro: insolencias, golpes, puntapiés, gritos, lamentos, carreras. El sacerdote rezaba la Magnífica y rociaba de agua bendita para ahuyentar el demonio de aquella multitud enloquecida, que dejó como saldo algunos muertos, incontables heridos y destrozo y medio. Para el poblano, de profundo sentido religioso,  aquel  suceso  fue  cosa  inaudita.

 

Hay  un  dicho  muy  poblano  conocido  nacionalmente,  y  de exacta aplicación en los jolgorios que acaban mal; se dice: “terminó  como  el  rosario  de  Amozoc”. Se trata naturalmente del Amozoc donde pernoctaron las fuerzas francesas la víspera del memorable 5  de mayo de  1862,  del Amozoc de las espuelas.

Autor: Enrique Cordero y T*