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Cuentos, Leyendas y Mitos
El tesoro del Franciscano
En Parras vivieron los Padres Franciscanos en dos ocasiones, a finales del siglo y antes de mediados del siglo. En el siglo atendieron el culto del santuario de Guadalupe y cuidaron el del Rosario.
Un franciscano de la primera época enterró un tesoro en la huerta del Antiguo Curato. Su espíritu tiene ahora el deseo de que los moradores de Parras adquirieran esta riqueza y al contrario de los franceses, la ofrece a algún ser mortal siempre que le es posible trasladarse del otro mundo al nuestro.
Aunque lo ha ofrecido a muchas personas, ninguna de éstas ha podido cumplir el deseo del franciscano. Cuando el religioso llega a este mundo, siempre lo hace de noche viste su hábito religioso. Sale a la calle. Escoge una casa.
Penetra en ella sin ser notado. Su capucha le cubre totalmente el rostro. Llega al lecho del afortunado escogido en esa ocasión. Con voz muy baja le indica que ha venido del mundo invisible hasta el mundo visible para ofrecerle que saque el tesoro depositado en el fondo de la Noria del Antiguo Curato.
Si el mortal acepta cumplir el encargo del franciscano, éste le pide que, a cambio, le mande celebrar misas. Cuando el afortunado muestra su deseo de cumplir la voluntad de quién llegó más allá del cielo, éste agradeciendo la servicialidad; del mortal.
Se despide de él y se quita su capucha. El futuro dueño del tesoro no ve, entonces, sino una horrible calavera desfigurada, La visión desaparece. Un pavor infinito acoge a quien acaba de hablar con el visitante. Al día siguiente, el que iba ser dueño del tesoro amanece muy enfermo. Todo el día lo pasa con su cuerpo frío, seco, tieso. En la noche fallece.


