Esta leyenda está inspirada en el cambio de color de las flores del algodón. Cuando nacen son amarillas, después se tornan rosadas y por último adquieren un tinte amoratado y algo parduscos.
Los escarchados amaneceres tocaban a su fin.
La llanura chaqueña, virgen de ciertas fecundidades, se sintió un día estremecer. Unas semillitas grises, traídas de Oriente habían buscado abrigo en sus entrañas.
Las primeras lluvias de la primavera le dieron blandura propicia… el sol puso tibieza en las cobijas de humus… y el milagro de la tierra pródiga se brindó una vez más a la contemplación de los hombres.
La madre tierra había dado a luz unas plantitas nuevas.
Eran tan tiernas… tan tiernas…, tan delicadas… tan sensibles… que se estremecían de emoción hasta por las ráfagas campesinas que las besaban al pasar.
Cerca del seto crecían otras hierbas vigorosas y fuertes, de hojas carnosas y tallos gorditos.
Y… como en los cuentos y en las leyendas las plantas suelen hablar y los pájaros también… pues he aquí que las plantitas hablaban.
Mientras que las primeras crecían con timidez de doncellas castas… las otras, gorditas y coquetonas se bañaban con las luces de la aurora y hospedaban, en sus robustas siluetas de hierbas golosas, a la luz del sol que les ponía color dejándolas satisfechas… muy satisfechas.
Un día observaron a sus hermanas ( débiles y tan tiernas) y se burlaron de ellas ( sin siquiera bajar la voz). Tan felices se sentían que hasta se creían con derecho a los desenfados.
Por fin bajó de su carruaje de reina, doña Primavera; y casi increpó a las dulces plantas por su demora en florecer… también a las golosas de la luz solar se las podía reconvenir.
¿Para qué era reina doña Primavera?
… Y se apuraron las flores del borde del seto y echaron a lucir sus galas tintes de rojo…, jugosas y atrevidas (¡ qué corolitas tan brillantes!) ¿ Y esas debiluchas? …¿ Se habrán atrevido también a decorar sus desgarbadas siluetas? ¡ Que extranjeras tontas! (Tontas pero envidiosas…)
Sí señor: Envidiosas. ¿ Por qué sino su pálido color amarillo?
Amarillas de envidia. Sí señor, de envidia.
… Y las plantitas lo oyeron…
Y las plantitas se contemplaron unas a otras y se encontraron pálidas (allá en Oriente… eso no quedaba mal) ¡ Ah, si ellas pudieran lucir tan galanas como sus vecinas! …
En eso… ( no podía faltar en la leyenda): una hechicera. “ Yo os puedo quitar esa palidez y tornaros hermosas… con colores cálidos. Nadie se atreverá a ofenderos más… eso sí: tenéis que prometer en cambio darme vuestros hijos.
(“ … darme… vuestros… hijos…”)
Y… claro… ¡ eran tan inexpertas… sufrían tanto las pobres plantitas que…dijeron que si …
Y al punto tornáronse rosaditas, preciosas, atrayentes en sus tonos cálidos.
De pronto… ¡ Dios mío que efímera es a veces la ilusión… que, efímero el triunfo de las bellezas externas…!
¿ Ellas prometieron entregar sus hijos a cambio tan sólo de simples colores? …
Pero ya era tarde… allá a lo lejos se perdía la hechicera diciendo sentenciosa ¡ Volveré en febrero a llevarlos a todos ¡
Ya no estaban pálidas las florecillas… un rubor de vergüenza cambió el tinte de sus pétalos; y … cuando ya amoratadas por el sufrimiento … y angustiadas por la suerte de sus frutos … se sentían desfallecer: un hada madrina. El hada de los cuentos infantiles.
Una brisa suavecita… suavecita… de dulces consolaciones… y una voz de perdón para las que estaban arrepentidas: morid tranquilas pues a vuestros hijos los protegerá un hada.
Y así… suspirando, cayeron al suelo.
El fruto se hinchaba más y más. Era un vientre grávido… y, los hijos, grisecitos e inquietos se movían como en un colchoncito blando… muy blando… como si estuvieran envueltos en velloncitos de ovejas…
Y, como todo llega, llegó el estío. Ya estaba cerquita febrero y la perilla de algodón abrió sus cinco ventanitas… y por ellas… como majada de corderitos, al conjuro de un hada, echaron a correr los hijos de las dulces peregrinas del oriente que un día se detuvieron en las chacras chaqueñas.
Cuando la hechicera vino a cobrarse… no encontró a ninguno de los pequeñuelos que quería llevar. Estos, escondidos en ropajes blancos, iban por la llanura corriendo y triscando como corderitos.
Y… como esos ropajes fueron fruto de un hada… obra de la caridad… pues -¡ natural! Todos los años realízase el milagro de nuevas vestiduras… y siempre hay un poquito de algodón para curar una herida… para preparar una venda… para coser un pañal…
¿ Quién dijo que ya no andan las hadas o los ángeles buenos por las chacras chaqueñas? …
Las que tuvimos la suerte de nacer en esas chacras… y ver crecer los algodonales… regados por sudores santos… removidos con amor por manos trémulas… sabemos que las hadas viven todavía en las chacras chaqueñas… Y aunque otros lo discuten con argumentos de ciencia tipo siglo 20… ¿Qué nos importa…! Soñaremos con las hadas de nuestros algodonales chaqueños… porque, el ser chaqueños nos da derechos para sentir… y para soñar.
Interesantes
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