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Cuentos, Leyendas y Mitos
La leyenda de los ángeles de Puebla
Los habitantes españoles e indios de la Puebla veían con impaciencia la lentitud con que iban construyendo la deseada catedral por faltar brazos aptos para ese trabajo. Hombres piadosos y sencillos hicieron una rogativa al arcángel San Miguel, patrono de dicha ciudad, para que por su mediación se solucionara la forma en que debían precipitar tan magna obra.
Llenos de fe y esperando el favor del arcángel, vieron con estupor al otro día que la construcción había subido un palmo. Día a día los albañiles marcaban el lugar en que terminaban la tarea, y al reanudar sus trabajos, como por obra de encantamiento encontraban la construcción muy adelantada.
Las torres crecían con celeridad asombrosa y se propusieron, los más caracterizados vecinos, velar una noche para sorprender a los maravillosos trabajadores. Como el alumbrado se apagaba al toque de ánimas, escogieron una de plenilunio.
Se esbozaron en sus negras capas apostándose en los sitios más obscuros, cuando la población estaba sumida en el sueño; hacia la media noche un revuelo de alas les hizo levantar la cara y. . . cayeron de rodillas.
Unos bellísimos ángeles juguetones y alegres acarreaban la piedra y mezcla, mientras los otros construían. En éxtasis contemplaron a los alados albañiles, y a las primeras luces de la aurora corrieron a dar la fausta noticia a las autoridades.
El virrey escribió a sus majestades católicas tan insólito acontecimiento y éstas, para dar gracias por tan divino favor, ordenaron se cantara el Te Deum en todas las iglesias de la Nueva España, comentado asombrados la coincidencia o presagio de haber mandado imprimir su antecesor, Carlos V, el escudo con que dotó a la ciudad de Puebla en su fundación apareciendo dos ángeles junto a las últimas torres como si las sostuvieran.


