Leyenda de Las Carumbécuera y los Taguatocuera (Tortugas y Gavilanes)

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21-01-2011 | Por : uslico | Categoria: Leyendas

Carumbé era una mujer  holgazana, perezosa y egoísta.

Tan haragana era que nunca cosía las mantas.

Tan perezosa… que, antes  de levantarse – cuando ya el sol estaba alto- sacaba un poco la cabeza, de entre sus cobijas deshilachadas, y la volvía a esconder…la escondía esperando dormir un poquito más . ¡ Que trabajasen los otros!

Tan egoísta era como desconfiada. Cuando le pedían algo prestado,  por no hacer un favor, envolvía sus mezquinas pertenencias en su manta descosida y se iba a bañar con su carga a la espalda, asegurando que no tenía con qué vivir.

Pero… si bien Carumbé era poco activa, en cambio era astuta… muy astuta.

Un día mostró a un joven de la tribu una manta prolijamente trabajada con cueros de ratón  bien cosiditos uno al lado del otro. Estaban cosidos por una vecina, porque, claro, nunca falta alguna tonta comedida  a quien explotar… ni siquiera en las leyendas.

Carumbé aseguró al joven que ese primor era – naturalmente- fruto de su laboriosidad.

¡ Y eso que la criticaban tanto!

Como él era poco observador; y además inexperto y muy crédulo se casó  con, Carumbé  y en vez de corregirla  se hizo tan holgazán como su compañera.

Y… como por desgracia las malas personas suelen juntarse… allí, cerquita nomás, había un matrimonio que tenía la mala costumbre de entrar en los ranchos en ausencia de sus dueños. Entraban con cualquier pretexto  y… siempre encontraban algo que llevarse.

El se llamaba Taguató, y ella la  mujer de Taguató.

El Ñandé Yara  ya estaba perdiendo la paciencia de verlos tan poco respetuosos de las cosas ajenas,… hasta que lo advirtió Añá  se puso muy contento… contentísimo.

Se relamía mirándolos en sus fechorías y se dijo: “he aquí la pareja que me conviene”. Estos dos serán mis colaboradores y amigos… y… así nomás fue.(Ñandé Yara lo dejó hacer)

Mientras estaban un día robando unos pedacitos de carne colgada en un rancho vecino, se notaron extraños… las uñas se les alargaban…  los pies se les ponían flacos…, se les estiraba la boca y se les aganchaba la nariz…

Se miraron uno a otro asustados y,  al levantar los brazos movidos por el espanto, se dieron cuenta que echaban a volar. ( Los esposos taguatocuera formaron la primera pareja de gavilanes).

Volaron hasta la orilla de una laguna y se posaron en un árbol. Todavía seguían asustados, cuando vieron acercarse a Carumbé  y a su marido.

Los  muy holgazanes habían cortado la manta en dos mitades ( una para cada uno ) por no hacer otra , y sólo les cubría la espalda. ¡ Qué indecencia!

Iban a bañarse a bañarse como siempre. ¿ Para qué trabajar? Además podía llegarles visita y… ¿ A qué sacrificarse por los otros?

Esta vez Ñandé Yara  se enojó mucho… muchísimo;  y para escarmiento de las mujeres holgazanas y de los hombres tontos  que las prefieren, allí nomás, en presencia de unos jóvenes que pasaban, trasformó a la pareja haciendo de ella el primer matrimonio de tortugas.

Afirma la leyenda que, ni las Carumbecuera perdieron su pereza ni los Taguatocuera  sus mañas.

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