Leyenda de los Monitos y los Vientos

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22-01-2011 | Por : uslico | Categoria: Leyendas

Hay en los bosques chaqueños  unos monitos muy graciosos a quienes la mayoría de las personas llaman “titis” y que nuestros hermanos, los tobas denominan “miriquinás”.

Tienen la cara redonda, distinta de los otros simios,  los ojos también redondos que,  hasta cuando parecen  reír  encierran  tristeza… mucha tristeza.  De niña… recuerdo haber sufrido oyéndolos llorar al caer la tarde.

Para la fantasía del indio todo en el bosque, y fuera de él tiene su historia. Los monitos también tienen su historia  y… los vientos la suya; ambos tienen un vínculo en común: la madre

leyenda monitos y vientos

La leyenda… o historia dice  que había unos chicos traviesos que durante la siesta,, en alarde de desobediencia, se escaparon de la choza y se subieron a un pindó a comer coquitos.

Pocos minutos después pasó por allí un niño huérfano; tenía hambre… y viéndolos comer, les pidió una frutita.

Los muy pícaros comenzaron a burlarse; comían la pulpa de los cocos y le tiraban el carocito pelado

El pequeño sufría mucho. Cuando siguió su camino, tenía los ojos húmedos; pero Coptanoón, que no deja de contemplar las acciones de aquí abajo, castigó a los egoístas  condenándolos a no ver más a sus madres.

Fue así como, satisfecho su apetito… redondas las barriguitas de golosos desordenados, intentaron bajarse y no pudieron.

Llamaron a la madre…, pero ya era tarde. Coptanoón  la había llevado lejos… muy lejos. Ellos no la vieron más.

Por eso su mirada es siempre triste…, sus ojos parecieran querer escrutar las grandes distancias.

Un día los traviesos, convertidos en monitos, sintieron tras angustioso remordimiento, algo así como un consuelo, traducido en caricias. Un aliento maternal  los besaba envolviéndolos en dulce manto de frescura y cariño.

Era el viento. La madre no había podido olvidarlos.

Allá lejos… muy lejos, había generado con suspiros nuevos hijos, son los vientos , con los que trasmite hasta ahora, sus caricias a los huérfanos que ya no la pueden ver.

Por eso, cuando el calor se hace intenso, en los días de verano y “ no se mueve ni una hoja”, lloran los monitos en la selva. Lloran por la eterna ausencia de la mamá.

Por eso también, cuando la primera brisa fresca conmueve el bosque, y se acerca a los “miriquinás”, éstos redoblan sus lloros, en un temblor esperanzado…, como el de los niños, que desde la cunita  sienten aproximarse los pasos de su madre.

Después…, el beso del viento…, un poco más fuerte cada vez, y luego: lágrimas, muchas lágrimas. Lágrimas que todo lo fecundizan: la lluvia.

Y… la selva toda; y el campo vecino, reciben los beneficios de la lluvia.

¡ Benditas lágrimas que mueven el mundo  y que sólo a los corazones impermeables dejan indiferentes!

Nuestros hermanos, los tobas, que crearon esta leyenda, aman a los vientos; los aman y los consideran de buen augurio, aunque  a veces arrastren consigo sus chozas . con los vientos no se enojan nunca, porque sería rechazar a la madre que los besa, en suave caricia cuando la brisa es leve…, en desbordante amor  cuando el aire se mueve con fuerza…, en reprensión enérgica, cuando el remolino sacude la toldería  y arroja lejos los míseros enseres…

Es la madre, piensan los tobas… y ante la madre, nadie se revela.

¡ Cuántas lecciones del corazón podrían aprenderse en las tolderías.!

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