Nuestros hermanos, los tobas, son generosos y solidarios.
Entre las virtudes que cultivan las tribus, para asegurarse los beneficios de la luz y la protección del Noón , se cuenta en primer término la generosidad.
Tal vez la tradicional hospitalidad gaucha de la que tanto hacemos gala los argentinos de ley… tiene su inspiración en las tolderías.
Allí todo se comparte, todo, hasta los castigos. Los tobas tienen un sentido social invulnerable a toda costumbre extraña; de manera tal, que el egoísmo no puede sentar sus reales en la tribu.
El sentido moral de los valores colectivos no les permite expresarse en singular; en último caso el “yo” equivale al “nosotros”; no hay “mío” , sino “nuestro”.
La hospitalidad es un deber. Hecho ley en la carne y en la mente de cada uno, y consideran que faltar a ella trae males tremendos
…….Todavía tienen presente un castigo aleccionador que recibieron por culpa de una hermana de sentimientos mezquinos.
Cuenta la leyenda que, hace mucho tiempo, cuando todo era paz y alegría; caía la tarde las mujeres preparaban el magno alimento con raíces y pescados… los hombres en rueda fraterna, compartían sus pitadas mientras conversaban sobre los accidentes de la pesca. De pronto… a la vuelta de un bosquecillo de espinillos, apareció una vieja. Venía cansada… se había perdido…, ya no podía volver a su toldería sin que la sorprendiese la noche… y pedía asilo a los hermanos.
Un toba la escuchaba en silencio,… y… cosa rara; no quiso ayudarla. Saliéndose de la ley tribal, con gesto terminante de negación absoluta le contestó: caicá ( no hay)…
.. No había hospitalidad para la fatigada y triste peregrina… y la vieja al perderse tras el montecito de espinillos gimió dolorida y acongojada.
El cielo empezó a cubrirse de nubes. Los truenos rompían el aire, amenazadores…, y hasta el rayo apareció como dando latigazos, aquí y allá.
Una lluvia persistente y furiosa cayó durante días y noches, castigando a los tobas, ya hambrientos.
Al fin, pareció aplacarse la ira del Noón, el sol de un día nuevo brilló cual promesa de perdones dorados, con sonrisas de esperanzas jugueteando sobre los pastos verdes y tiernos…
Los hombres y las mujeres fueron juntos al bosque… y, oh! dolorosa sorpresa: el castigo era más grande que los truenos … mayor que los relámpagos; más terrible que el nublado mismo… Allí, tumbado en el suelo estaba un árbol sagrado, el más alto del bosque, cuyas ramas antes se confundían con las nubes.
Por ese árbol las almas de los muertos, trepándose de rama en rama, subían a reunirse con el genio.
Azorados observaron el tronco cortado por dientes menudos… y… allí, a poca distancia, vieron alejarse una figura extraña. Era la vieja que, transformada en carpincho había derribado el vínculo que los unía al Noón.
Desde entonces, las almas de los tobas no tienen por donde subir a la región luminosa donde habita el genio..
No volvieron a crecer árboles de esa especie; porque los carpinchos, multiplicados, siguen destruyéndolos en cumplimiento de la antigua maldición.
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