Leyenda del Sapo

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23-01-2011 | Por : uslico | Categoria: Leyendas
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Hasta ahora referí leyendas aborígenes vinculadas con el Gran Genio, autor de todo lo bueno, al decir de los tobas.

Hoy me referiré a  Cagüen , el genio maligno autor de todas las desgracias.

Su solo nombre repugna al espíritu toba, que es inocente… y noble… candoroso, como el de los niños.

Así como el Coptanoón hizo del sol su habitat, pues sólo estaría a gusto viviendo en la luz… el Cagüen con su séquito de servidores maléficos,  habita en la sombra, en los lugares húmedos y oscuros… en la espesura del bosque, en la que no se filtran los rayos del sol… y muy especialmente en el nublado, al que Noón  logra vencer siempre barriéndolo con el viento o con la lluvia.

Así como el Gran Genio tiene a su hijo dilecto el “Chimiggaichik”  o el picaflor, el Cagüen también tiene el suyo, tan oscuro y feo como él, es el Cologalogó al que nosotros llamamos sapo.

Dicen nuestros hermanos, los tobas, que el sapo es producto de la envidia. Por eso es tan feo.

Ocurrió así: Cuando el Cagüen  vio al Chimiggaichik, en quien pareciera gloriarse la luz del sol…, pensó hacer con él  otra criatura, a quien admirasen los vientos,… las plantas… y temieras todos los seres de la tierra.  Sería su hijo dilecto… su hijo de confianza… algo así como su secretario privado… y  tendría un nombre destinado a impresionar a los tobas, con su sonoridad. Lo llamaría “Cologalogó”.

Dicen que puso Cagüen todo su arte, todo su espíritu,  todos sus afanes en esta obra trascendente.

Amasó barro de una poza inmunda…,  tomó de su habitat, la sombra,  el color que le imprimiría el tono externo de su parentesco…, después quiso infundirle su espíritu para que en todo se pareciera a él; y al soplar con las fuerzas todas de su sentimiento de envidia, le estiró la boca alargándola hacia los costados …,  y al agrandarse la boca empujada hacia atrás. Le saltaron los ojos.

…. Después… el Cagüen  le dio un beso paterno que dejó manchas en el cuero rugoso… y, para terminar, lo consagró caballero de la fidelidad y custodia del honor de su estirpe… y levantándolo bien alto lo echó a volar.  La criatura cayó pesadamente al suelo y empezó a saltar rumbo a la sombra. El Cagüen  había creado el  sapo..

Y… si la figura del cologalogó es opuesta en toda su torpeza a la grácil figura del chimiggaichik su misión no es menos opuesta.

Mientras el chimiggaichik ama la luz y se lanza a los aires en cumplimiento de su nobilísima misión, el colagologó odia todo resplandor. Lo odia tanto, que durante el día se esconde bajo las tablas… tras los muros…, y busca preferentemente los sitios húmedos y putrefactos en los que toma íntimo contacto con su progenitor.

Cuando en los días que preceden a las tormentas, el nublado se hace denso… tan  denso que oscurece el sol… ríe el  colagologó  complaciéndose en el triunfo de su padre…, ríe estirando la bocaza fea… y levanta su voz sonora como pregón de tinieblas… para anunciar el triunfo de Cagüen.

Es entonces  cuando, ciertas personas que sólo conocen  las consecuencias por la observación de los hechos, dicen con indiferencia: “ lloverá  porque canta el sapo”, Los tobas frente al peligro de la oscuridad que amenaza en pleno día, inician sus imploraciones y terminan con insultos al estúpido secretario, que sólo sabe esconder su figura pesadamente ridícula y… desde su escondrijo levanta su ridícula voz.

Carcajadas triunfales, destinadas a demostrar al genio que no se le tiene miedo… y escupidas de asco son la culminación  de los exorcismos que hechiceros y amigos realizan para conjurar la astucia de Cagüen  y la estúpida alegría de colagologó.

Por eso… cuando  empieza a llover… y se apaga la voz del sapo… los exorcismos tobas parecieran quedar prendidos en el bosque como un desafío     Hera,  Hera…


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