Leyenda El Espíritu del Niño Errante

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Posted on : 30-12-2010 | By : uslico | In : Leyendas

EL ESPÍRITU DE UN NIÑO MUERTO HACE AÑOS AGREDE DE FORMA ESPORÁDICA A LOS HABITANTES DE UN PUEBLO

“Cuando ocurren cosas, normalmente es a una persona o un grupo de personas compartiendo la misma experiencia, pero esto que voy a contar sucede en un pueblo, y ocurre a todos sus habitantes, los cuales ya están acostumbrados… Pero yo, como visitante, y mis primas, hemos vivido unas experiencias que a la gente de allí les parece “normales”.

Fuimos a ese pueblo donde mis tíos tenían en las afueras una casa cerca del pantano. Para ir al pueblo tenías que seguir un camino de tierra durante cuatro kilómetros hasta llegar.

Como en la casa de noche nos aburríamos, mis tíos nos acercaban al pueblo en coche para que pasáramos allí unas horas con los chicos del pueblo. Era verano y las noches invitaban a pasarlas hablando y disfrutando de compañía.

Los chicos del pueblo al principio nos parecían muy fantasiosos o que nos querían meter miedo. Decían que algunas noches se oía el gemido de un niño pidiendo ayuda… pero no venía de ninguna parte, sino de todo el pueblo. Cada uno de los habitantes lo oía en su propia casa, en la calle, en la tienda, en el bar… partía de las paredes, del suelo… a veces incluso sentían un empujón violento que los lanzaba al suelo…

Contaban que incluso una mujer embarazada perdió a su hijo en la plaza una tarde en la que se encontraba hablando con unas amigas al sentir que unas manos aprisionaban su vientre con tanta fuerza que la hizo abortar allí mismo. Ella estuvo a punto de morir y cuando se recuperó, se fueron del pueblo y no volvieron a él.

Les preguntamos que quién podría provocar esas cosas… y que después de lo de la mujer ¿cómo es que la gente no se va del pueblo también? Entonces nos contaron una especie de leyenda y del por qué creen que “eso” atacó tan ferozmente a la mujer.

Hacía unos diez años, unos niños del pueblo decidieron irse una noche de verano a otro pueblo vecino. Para ello tenían que atravesar un campo donde en uno de los laterales estaba el cementerio que compartían los dos pueblos y que se hallaba justo a la mitad del camino.

Cuando ya estaban bien avanzados oyeron un crujido a sus espaldas. Era el hermano menor de uno de ellos. Le instaron a que se volviese a casa pues no querían cargar con críos y éste se negó en rotundo, más que nada es que le daba miedo volverse solo.

Entonces decidieron despistarle. Al llegar a la altura del cementerio dijeron que iban a jugar para esconderse en él. Como había luna llena se veía bastante bien, este chico aceptó sin
sospechar nada… Ya en el cementerio, uno contaba y los demás se escondieron todos juntos, mientras este chico se escondía en otro lado pensando que todos estaban haciendo lo mismo.

Cuando ya le perdieron de vista, los chicos se reunieron y salieron por una de las tapias dejando a este chico escondido. No podían evitar reirse de lo fácil que había resultado engañarlo hasta que oyeron un grito desgarrador… Al principio pensaron que se trataba de una broma, hasta que el segundo grito reaccionaron y volvieron a entrar en el cementerio… Estuvieron buscando por todas partes pero no le encontraron, gritaron su nombre, dieron vueltas y más vueltas y nada.

Al cabo de muchas horas, cuando ya despuntaba el alba decidieron buscar ayuda en el pueblo con la esperanza de que el chico les hubiese gastado una broma y se hubiese ido a casa.

Al llegar al pueblo, el hermano fue a su habitación, no había dormido allí, la madre le preguntó por su hermano pequeño y éste le tuvo que contar la verdad. La madre avisó al padre y éste a todo el pueblo… Salieron todos en busca del muchacho al cementerio.

Cuando llegaron allí, uno de los vecinos descubrió con terror que el cuerpo del chico se encontraba en una de las fosas que acababan de abrir días antes para un nuevo difunto… El chico tenía la cabeza reventada, los huesos de las piernas y de los brazos retorcidos en una figura grotesca, los ojos cristalizados por el pánico y la boca en una mueca de absoluto terror…

Fue un día negro en todo el pueblo, nadie se explicaba lo que había ocurrido allí. El hermano, con los años, fue internado en un psiquiátrico pues decía que su hermano se estaba vengando de él, le veía en todas partes, le pegaba… Los médicos le diagnosticaron neurosis obsesiva post-traumática, pero no podían explicar los continuos moratones que aparecían por todo su cuerpo, incluso en la cara…

Al cabo de unos años, la madre de estos hermanos se quedó embarazada… y a los siete meses le ocurrió lo que ya contaron antes: Algo había provocado la muerte de su bebé y quizás su propia muerte de la que escapó por poco. Los chicos decían que los gritos que oían por las noches eran iguales que los que oyeron en el cementerio.

Oyendo esta historia la verdad es que les creímos… habíamos pasado un buen rato de miedo y nuestro tio nos vendría pronto a recoger para llevarnos a casa…

Cuando íbamos hacia el coche, sentí un golpe fuerte en mi espalda que me obligó a apoyarme en mi prima de una forma violenta. Casi nos vamos las dos al suelo… Miré hacia atrás, pero los chicos estaban hablando entre ellos a unos tres metros de nosotros.

Mi tío dijo que me había tropezado. Mi prima, sin convencerse del todo, fue hacia los chicos, cuando de repente volvió la cabeza hacia el otro lado de forma violenta… Dijo que alguien la había abofeteado… y tenía una mano marcada en la cara… una mano pequeña…

Nos asustamos muchísimo… y empezamos a gritar presas de la histeria… Los chicos vinieron a auxiliarnos mientras mi tío abría el coche rápidamente para meternos dentro. Los chicos hicieron
una barrera con sus brazos protegiéndonos de lo que fuese y pudimos meternos en el coche. Por el cristal pude ver cómo golpeaban a algo invisible que les estaba atacando. Mi tio condujo a gran velocidad tocando el claxon como un loco. Al llegar a la casa llamó a mis otros tios y todos fueron al pueblo a ayudar a los chicos, pero ya todo había pasado. Éstos se encontraban agotados por la lucha, con arañazos, golpes… pero dijeron que estaban acostumbrados, que no pasaba nada.

Las agresiones en ese pueblo son esporádicas y no siempre a las mismas personas… pero ellos sienten que tienen que estar ahí para que ese niño que murió de forma tan violenta no esté solo… Llegará el momento en que pueda descansar en paz.”

Cuento El niño y la roca

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Posted on : 29-12-2010 | By : uslico | In : Cuentos
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Erase una vez, un niño llamado Rubén él tenía dos caballos de madera que su abuelo Teo le había tallado, el caballo más pequeño se llamaba Casimiro porque al abuelo se le olvido hacer su ojo derecho, así que el caballo no miraba bien, bueno eso era lo que Rubén le platicaba a todo aquel que cuestionaba el nombre de su caballo.

El más grande se llamaba Corrolento por que nuevamente, el abuelo Teo, no hizo bien una de las patas del caballo, una era más corta que las otras tres, pero para Rubén eran perfectos.

Rubén no vivía con lujos, eran sus dos únicos juguetes que tenia pero con esos dos caballos él era feliz, un día a la orilla del rio Rubén jugaba con sus caballos, imaginándose que montaba a Casimiro, es mas podía sentir que el aire tocaba su rostro, de lo veloz que iba, cruzando el monte lleno de flores.

Por un momento sintió que estaba lloviendo, pero no era así, Rubén volvió de su mundo de imaginación, se dio cuenta que cuatro niños estaban con él, a lado del rio, el niño más grande y mal educado fue quien le hecho agua a Rubén cuando él jugaba, mientras los otros tres niños se reían, Rubén amablemente los saludo.

¿Cómo se llaman? los cuatro niños se sorprendieron que el pequeño Rubén no se molestara o tomara un actitud negativa con ellos, se miraron entre sí y con una risa malévola respondió el mayor, yo me llamo Omar pero me dicen Tanque porque me gusta aplastar a  los  insectos.

Así que nuevamente surgieron las risas de sus compañeros, ellos son mis troncos, Tronco Uno, Tronco Dos, y Tronco Tres, los nombro por tamaños, y tu ¿Cómo te llamas?, Rubén…, ¿Quieren jugar?, los troncos esperaron la respuesta de su líder, ¡Si claro! con un tono no muy grato, la inocencia y la generosidad de Rubén no le permitió percatarse que aquellos niños no eran buenos.

Justo cuando iban a jugar, el abuelo Teo llamo a Rubén, los cuatro niños ansiosos voltearon a ver al abuelo para que no descubriera las intenciones que tenían con el pequeño…Rubén les dijo:

– Que  les parece si jugamos mañana, porque ahora tengo que ayudar a mi abuelo hacer labores en nuestra casa, Tanque y los Troncos asintieron con la cabeza, los cuatro al mismo tiempo contestaron… “no hay problema”.

En casa, Rubén le platico al abuelo Teo que ya tenía cuatro amigos, el abuelo se alegro por el pequeño – Que bueno Rubén me da gusto que tengas con quien jugar, recuerda que tienes que ser sincero y amable así conservaras a tus amigos.

Rubén tomo en cuenta el consejo del abuelo, ambos comenzaron hacer bolsas y canastos de vaina seca para vender en el pueblo.

A la mañana siguiente Rubén estaba a la orilla del rio con sus dos caballos listo para jugar, Tanque y los Troncos llegaron, Rubén presento a sus dos caballos de madera Casimiro y Corrolento.

Justo cuando comenzaba el juego, Rubén les dijo que usaran su imaginación y así podrían jugar a lo que ellos quisieran, los cuatro niños se burlaron de él, Tanque y Tronco Tres tomaron a Casimiro, tomándolo de sus patas, provocando que se desprendieran, Tronco Uno y Tronco Dos, le quitaron a Corrolento con una roca lo partieron a la mitad, los restos de los caballos los lanzaron al rio.

Tanque le dijo – Haber con que juegas ahora, Tronco Dos le dio la roca que utilizaron para romper a Corrolento, –con esta roca será suficiente, es lo que puede obtener un niño como tú, los cuatro niños se fueron riendo, Rubén con lagrimas en los ojos tomo la piedra y se fue a casa en busca de su abuelo Teo.

Al llegar a su casa no encontró a nadie, así que se fue a su camita de madera que su abuelo le hizo con trozos de madera, de tanto llorar Rubén se quedo dormido diciendo entre sueños que no regresaría a ese lugar.

El abuelo Teo llego de trabajar, le sorprendió ver a Rubén en casa y en la cama, se acerco y le pregunto tiernamente.

– Mi pequeño y noble Rubén que pasa por que te encuentras así, Rubén abrazo al abuelo y le platico todo lo paso esa mañana, lo injusto que fueron los niños malcriados, y le enseño la piedra que le habían dado.

– Rubén yo siempre te he dicho que seas amable y quiero que lo sigas siendo, no seas grosero ni malcriado como esos niños, no busques venganza, si esos niños son malvados tú no tienes porque hacerlo.

– Mira la piedra que te dieron, no crees que es bonita… mira los colores, nunca había visto un roca igual a esta, con ella puedes usar tu imaginación y jugar recuerda que puedes hacer nuevos amigos, aun cuando ya no tengas a tus caballos, no te preocupes, no te cierres, se inteligente y ligeramente le toco con un dedo su frente…

Por la noche Rubén tomo la roca y comenzó a golpearla con un pequeño cincel que tenía su abuelo entre toda su herramienta de trabajo, hecho a bolar su imaginación; pasando los días Rubén formo un soldado de piedra.

Terminado el soldado se dispuso a mostrárselo a su abuelo, pero el abuelo Teo tardaría en llegar, así que Rubén ansioso tomo la decisión de ir al pueblo y enseñarle su nuevo juguete.

Ya en el pueblo y en plena búsqueda encontró a un niño en el suelo jugando con una pelota,  –¡Hola! como estas ¿cómo te llamas? pregunto Rubén – Octavio quieres jugar, tengo una pelota, esta súper, es muy bonita, mira yo acabo de hacer un soldadito de roca  –Tú la hiciste –¡Sí! contesto Rubén, –Es perfecto y no has pensado en hacer otros podrías hacer un ejército diminuto de soldados y lo mejor de todo que serán resistentes – Suena bien, pero por el momento podemos jugar con este y luego te hago otro que te parece.

Los dos niños jugaron parte de la tarde, – ¡Abuelo! Exclamo Rubén cuando vio pasar a su abuelo, –Tengo un nuevo amigo y hare más soldados con Octavio –Que bien pero será otro día porque tenemos que llegar a casa, ambos niños se despidieron esperando verse pronto.

Al día siguiente Rubén tendría que regresar de nuevo al río para buscar en los alrededores rocas similares, con un poco de temor por encontrarse a Tanque y a los Troncos, lo cual no sucedió,  así que se comenzó a buscar más rocas.

Rápidamente llego a casa y comenzó a tallar roca por roca, diario veía a Octavio en el pueblo, y le enseño a tallar rocas, hasta que lograron hacer su ejército de soldaditos, Rubén y Octavio jugaban todos los días.

El abuelo Teo le recordó a Rubén –Ya ves mi querido nietecito que puedes hacer muchas cosas con tu imaginación, recuerda siempre, que nadie tiene que impedir que seas feliz, ni cuando te encuentres a brabucones como ese niño Tanque y sus marionetas llamadas Troncos, el ser sincero y amable, no es malo son valores que debemos tener todas las personas, además piensa muy bien las cosas, antes de actuar, no te comportes como el individuo que te haga algo malo, nunca dejes que nadie te trunque tus sueños, no temas en encontrarte a aquella persona que te dañe, a lo largo de la vida, encontraras Tanques y Troncos, que te quieran detener, pero recuerda que hasta con una roca puedes lograr hacer lo que quieras, solo hay que tallarla, pulirla y saldrá algo que ni tú mismo te imaginabas, y llegaras a ser un gran hombre.

Autor: Vianca Zarazua


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